¿Qué historias le cuentan nuestras escuelas al mundo?

Los relatos han jugado un papel fundamental en la formación de la humanidad y el desarrollo de las culturas. El pensamiento a través de narraciones ha sido clave para nuestra evolución y al construcción de las civilizaciones. Pero como toda herramienta cognitiva, tienen su lado oscuro. Las historias conectan con nuestras emociones y contribuyen a configurar nuestros marcos de referencia; un relato puede, por tanto, convertirse en fuente de manipulación y puede jugar en contra de la libertad o puede promover modos de vida o formas de pensar que pongan en peligro dimensiones valiosas de nuestra humanidad.

Ni dentro, ni fuera…

Mi primer contacto con la mirada de Loris Malaguzzi se dio en los albores del siglo XXI. En concreto, durante la celebración del seminario “Atravesando fronteras” en Reggio Emilia, a inicios de 2004. Durante aquellos días experimenté una de mis grandes epifanías pedagógicas. Traigo esta anécdota a cuento porque la revelación que experimenté en aquellos días ha empezado a latir con mucha fuerza en mis reflexiones y exploraciones de los últimos dos años. Y ha resultado medular en la construcción de un proyecto que comencé a gestar hace algunos meses y que en días próximos finalmente verá la luz.

Pensar la educación más allá de eslóganes

Entre las víctimas de nuestra vertiginosa y polarizante sociedad de consumo digital no es exagerado decir que se cuentan el silencio, la introspección, la profundidad y el diálogo. Un territorio así es fértil para reducir el pensamiento a eslóganes que se arrojan para provocar reacciones inmediatas, acorralándonos en el peligroso y cuestionable esquema binario innovación versus tradición.