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Pensar y construir futuros mejores

A pesar del tsunami de dos años de pandemia (y quizás un poco gracias a él), doy un vistazo a este 2021 y encuentro poderosas razones para pensar que hay esperanza. En mi balance anual, celebro la dicha de encontrar docentes y equipos directivos que, colectivamente o desde la apuesta individual, se han propuesto cambiar los ejes de la conversación en sus aulas e instituciones.

¡Podemos hacerlo!

Muchas personas me miraban con escepticismo cuando hace unos meses les planteaba que este inicio de curso en México sería el más desafiante del que tuviéramos memoria. “¿Más que hace un año?”, me preguntaban con cierta ingenuidad quienes se entusiasmaban con la posibilidad de volver a las aulas. A dos semanas del inicio oficial del ciclo en educación básica hago un primer balance basado en conversaciones con docentes, directivas y algunas familias en diferentes ciudades del país. En términos generales, una cosa es clara: nos hicieron mucho daño estos dieciocho meses de educación remota de emergencia.


“Una persona que se dedica a la educación está llamada a una permanente interpelación sobre la coherencia entre lo que dice y lo que hace, a huir del adoctrinamiento y del abuso de poder, a conocerse profundamente a sí misma. En definitiva, a aceptar el reto permanente de mirarse ante el espejo y contemplar su trabajo como una parte indisoluble de su proyecto vital.”

Pepe Menéndez


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